Lo esencial para situarte antes de caminar
- Es un espacio protegido entre El Ejido y Roquetas de Mar, con 1.971,72 hectáreas y una reserva natural interior de 131,41 hectáreas.
- Su valor está en el mosaico de charcones, saladares, dunas y sabinares, no en una visita de costa cualquiera.
- Hay dos senderos señalizados que resumen bien el lugar: Marismas de Punta Entinas (6,5 km) y Salinas de Cerrillos (6 km).
- La mejor época suele ser primavera, otoño e invierno; en verano conviene ir muy temprano o al final del día.
- Es una visita ideal para observar aves y caminar con calma, siempre con agua, protección solar y respeto por los senderos.
Qué es este espacio y por qué no es una playa más
La primera clave para entender este lugar es sencilla: no es un tramo de litoral “bonito” y ya está. La Junta de Andalucía lo reconoce como Paraje Natural desde 1989, y dentro de él existe una Reserva Natural con el mismo nombre; además, desde 2017 forma parte de la red como ZEC y ZEPA, es decir, Zona Especial de Conservación y Zona de Especial Protección para las Aves.
Eso importa porque el paisaje aquí funciona como un sistema completo. Los Charcones son dos albuferas semicolmatadas separadas del mar por barras de arena y dunas; alrededor aparecen marjales, saladares y formaciones vegetales muy reconocibles, como los lentiscares y sabinares. La propia ficha ambiental de la Junta de Andalucía señala, además, que cerca del 62 % de su cuenca está ocupado por agricultura intensiva bajo invernadero, así que el enclave actúa como un refugio natural rodeado de mucha presión humana.
Por eso me parece tan interesante: no es un decorado, sino una pieza frágil que todavía mantiene su lógica ecológica en medio de un litoral muy transformado. Y esa mezcla de agua, arena y vegetación es justo la que atrae a la fauna que da sentido a la visita.

La fauna que de verdad compensa salir a buscar
Aquí no se viene a hacer inventario, sino a mirar despacio. Si te acercas con prismáticos y paciencia, lo normal es encontrar aves acuáticas, limícolas, garzas, gaviotas y otras especies ligadas a marismas y saladares; según la época y el nivel de agua, también pueden aparecer flamencos. Lo más importante no es la lista, sino el comportamiento: cómo se mueven por las orillas, dónde descansan y qué zonas usan cuando el sol aprieta.
Yo recomendaría observar especialmente al amanecer o a última hora de la tarde. La luz es mejor, el calor cae bastante y el movimiento de las aves se nota más. Si vas en meses cálidos, no te obsesiones con la foto perfecta: en este tipo de humedales, muchas veces el mejor momento llega cuando te quedas quieto unos minutos y dejas que el paisaje se ordene solo.
También ayuda mucho no acercarse con ruido y no improvisar cambios de ruta para “ganar” un punto de vista. En un espacio así, menos prisa casi siempre significa más observación. Si el objetivo es recorrerlo con criterio, el siguiente paso es elegir bien el sendero.
Los senderos que mejor resumen el paraje
Hay dos recorridos señalizados que funcionan muy bien como primera lectura del espacio. Yo no los veo como caminos deportivos, sino como dos formas distintas de entender el humedal: uno se acerca más al borde de las marismas y el otro enseña mejor la transición entre salinas, charcas y zonas inundables.
| Sendero | Longitud aprox. | Qué te muestra | Para quién lo veo mejor |
|---|---|---|---|
| Marismas de Punta Entinas | 6,5 km | El borde del humedal, los charcones, la observación de aves y el contraste con el entorno agrícola próximo. | Para quien quiere una lectura clara del ecosistema y no le importa detenerse varias veces. |
| Salinas de Cerrillos | 6 km | Áreas inundables, pequeñas charcas, marismas y salinas con mucha vida en poco espacio. | Para una primera visita corta, muy visual y bastante representativa. |
Los dos senderos se entienden todavía mejor si sabes que parte del recorrido enlaza con el GR-92, el gran recorrido del Arco Mediterráneo. Eso le da continuidad al paseo, pero no conviene perder de vista que el terreno puede cambiar bastante con la lluvia, el viento o el estado de conservación del momento.
Por eso yo revisaría el estado de los itinerarios el mismo día de la visita, sobre todo si ha llovido o si vas en temporada húmeda. Una ruta fácil sobre el mapa puede volverse incómoda si hay barro o tramos encharcados. Con el recorrido claro, el punto decisivo pasa a ser el momento del día y la preparación.
Cuándo ir y qué llevar para disfrutarlo de verdad
Si me pidieran una recomendación simple, diría esto: primavera, otoño e invierno son las estaciones más agradecidas. La temperatura acompaña más, la caminata se hace ligera y la observación de aves suele resultar mejor. En verano también se puede ir, pero solo si aceptas una condición básica: entrar muy temprano o ya al final del día.
- Agua abundante, porque el recorrido puede parecer corto y luego hacerse pesado con calor y viento.
- Gorra o sombrero y crema solar, incluso en días con brisa.
- Calzado cerrado con suela estable; aquí el terreno cambia y no conviene ir con sandalias ligeras.
- Prismáticos si te interesa la fauna, porque cambian por completo la experiencia.
- Repelente de mosquitos en meses cálidos, sobre todo si hay zonas húmedas activas.
En cuanto al tiempo, reserva entre 2 y 3 horas para hacer un sendero con cierta calma. Si paras mucho a observar o fotografiar, conviene ampliar ese margen. Un detalle que no conviene subestimar es el viento: en la costa almeriense puede endurecer un paseo corto más que la distancia misma. Aquí el paisaje manda más que el reloj.
Y eso enlaza con un punto que me parece central: visitar bien este lugar es también saber qué no hacer.
Cómo visitarlo sin convertir una salida bonita en una mala experiencia
La conservación aquí no es un adorno del discurso, sino parte de la experiencia. Si uno camina sin cuidado, justo se deteriora lo que había venido a buscar. Lo digo porque este tipo de espacios se disfrutan más cuando entiendes que su valor depende de pequeñas decisiones de visita.
- No salgas de los senderos marcados cuando el suelo esté blando o haya zonas de anidación.
- No alimentes aves ni otros animales, aunque parezcan acostumbrados a la presencia humana.
- No dejes basura, colillas ni restos orgánicos.
- No confundas este lugar con una playa de servicios: hay tramos sin sombra, sin chiringuitos y sin comodidades.
- Comprueba si hay avisos de cierre temporal antes de ir, sobre todo tras lluvias o episodios de fuerte uso público.
También evitaría ir con la idea de “hacerlo rápido”. Este no es un sitio para marcar una casilla; es un paisaje para leerlo. Las aves, la vegetación halófila y el contraste con el Poniente agrícola se entienden mejor cuando bajas el ritmo y aceptas que aquí el valor está en los detalles. Con eso en mente, la mejor versión de la visita es sencilla y no necesita complicarse.
La visita breve que yo haría si solo tuviera una mañana
Si tuviera solo unas horas, entraría pronto, haría uno de los dos senderos según mi base de alojamiento y me detendría en dos o tres puntos con agua abierta para observar aves. Prefiero ver poco y bien antes que intentar abarcar todo sin atención; en un humedal como este, la calidad de la mirada importa más que la cantidad de kilómetros.
Después cerraría la salida con un paseo tranquilo por la costa cercana, ya sea en Roquetas de Mar o en Almerimar, para comparar lo protegido con lo urbanizado y entender mejor el contraste del territorio. Para mí, esa es la forma más honesta de conocer el paraje: no como una foto aislada, sino como una pieza viva que ayuda a explicar por qué Almería combina turismo, naturaleza y calidad de vida con tanta personalidad.